Yo me desvivo por decirte lo más sinceramente posible todo
lo que pasa dentro de mí y vos sólo me regalás la imagen de tu cara, con el
gesto de “ya lo sabía” que me cautiva aún más.
Es que, Cachorro, vos me gustas, yo creo que ya sabias. Pero
necesitaba decírtelo y no encontré mejor momento que éste… ya lo sabias verdad
– y asiente con la cabeza- ¿quién te contó?...
Rey, ¿estás vivo?
¿Estás ahí?
¿Rey?
¿Rey?
¿Hola?
¿Hola?
¿Rey?
...
La habitación luce más oscura de día, el color ocre de los
sillones la hace envejecer aún más. A veces siento que muero, que ya nadie me
puede ver… o que viajo a una dimensión desconocida en donde sólo yo y lo que yo
quiero puede coexistir. Pero también me trae recuerdos que no quisiera jamás
haber vivido. Una silla de madera, un cuadro con la imagen de la Santacena y yo
con mis blue jeans favoritos y una camisa totalmente blanca. Enfrente, él, con
expresión de: no te voy a hacer nada, ya sé que te gusto… ¿vos fuiste el que me
hablaste por teléfono verdad?... ¿Me querés? Y mi cara de doce años diciendo
que sí, con una fuerte agitación dentro de mi cuerpo… "lo querés tocar... ah... y no dijiste que querías pues"... fue la primera vez.
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