Voy caminando bajo una tenue lluvia de mediados de
septiembre, amenaza con transformarse en tormenta pero llevo un paraguas. Me
podría detener y guarecerme bajo el paso a desnivel, no lo hago. Siento la
necesidad de caminar, me ayuda a pensar en mí… y en vos.
¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?, ¿por qué no
puede reducirse a un sí o un no? No sé si estás jugando conmigo, no lo creo. Y
esa ambigüedad me hace quererte… aún más.
Por lo pronto, llevo más de 90 horas sin verte y desde ayer
por la noche he estado tratando de convencerme de que sos malo, te has portado
frío en las conversaciones (por internet) que hemos tenido, como si el otro día no
hubiera pasado nada.
Lo malo es que mi proyecto “Olvidar al Cachorro” no pasa de
un intento, y sé que cuando te vuelva a ver todo lo que he conseguido se
borrará automáticamente, cuando vea tu sonrisa me van a dar ganas de gritar que
te quiero y darte un abrazo.
Al menos mi húmedo paseo ha servido para darme cuenta que no
puedo autoengañarme, aunque quisiera no puedo olvidarte, a veces creo que vos
me considerás un enojado, caprichudo y manipulador… y esa costumbre mía de
adornar cada palabra de amor que mis labios te susurran no ayuda mucho. Tengo
que ser claro, vos mismo me lo dijiste, y quiero hacerlo, sólo que hay un
problema: no sé si pueda serlo.
Camino bajo la lluvia, siento gotas en mi espalda, aunque
parece que está escampando.
Sólo quiero caminar.
Siento que ya no veo por donde voy, sólo camino.
Sólo camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario