miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ukelele (5° parte)


¿Me permite que le lea la Palabra de Dios?, el gentil gesto de la señora hacía imposible rechazar su petición. 

Empezó hablando del mismo tema con el que siempre empiezan las personas que, de buena o mala fe, se dedican a leer la biblia a las personas en las calles del agitado El Salvador: Dios mandó a su hijo para salvarnos, tenemos que aceptar a Jehová en nuestro corazón, para poder entrar al cielo. Por eso, ¿Me permite hacer una oración con usted? No es para cambiar de religión, simplemente para aceptar que Dios entre en su vida ¿La hacemos?

No puedo, no me siento preparado para hacerlo. Tengo muchos pecados. La señora no entendió, me empezó a decir que todos somos pecadores y para eso es la oración, para poderaceptar que Dios nos hará salvos. Le confieso que yo tengo un problema más grande, que no me permite estar en paz con ninguna religión, he ido a la iglesia en busca de una respuesta pero aún no la he conseguido. Ingenuamente la señora empezó a preguntarme si se podía saber cuál era el problema. Entonces empecé a contarle. 

Yo le declaré mi amor a alguien, y esa persona no me corresponde. Ah, pero ese no es ningún pecado hijo… continúa con ingenuidad… ¿Y si esa otra persona es de mi mismo sexo?... Ah, entonces sí.

Empezó a hablarme de que debo buscar la ayuda de un pastor, que eso puede ser normal pero que debo pedirle a Dios con toda mi fuerza que me quite esos sentimientos. Yo le respondí que el problema es que yo no quiero que esos sentimientos se vayan porque me hacen ser feliz y le pregunté si tenía esposo. Sí, si estoy casada y tengo dos hijos. ¿Y usted lo ama?...

Mire: le voy a ser sincera: cuando me case estaba enamorada de él, pero ahora, no le voy a decir que no lo quiero porque es mi esposo, pero es más por costumbre que sigo con él…
 
Pero, ¿qué sentía? ¿Le daban ganas de abrazarlo, de estar con él cuando se casó?... Sí, estaba enamorada… Entonces eso es lo que yo siento por él.

La cara de la señora se convirtió en un gesto de nostalgia y confusión a la vez. Pero reaccionó: Es que es el Enemigo el que le mete a los hombres esas cosas en la cabeza para confundirlos, porque en la Biblia dice que un hombre debe estar con una mujer. Mire esos problemas son normales. Le quiero preguntar: ¿A usted lo castigaban muy fuerte cuando estaba pequeño?... No.

Ah entonces ¿lo  mimaban mucho?... Es que soy el más pequeño, era normal…. Es que a veces cuando los papas tratan mal a los hijos o cuando les dan mucha libertad pasan esas cosas, pero usted necesita la ayuda de un Pastor y confiar en Dios que le va a quitar esos pensamientos de la cabeza. ¿A usted lo trataban así verdad? No, para nada… Ah entonces, lo que a usted le pasa debe ser de herencia. Usted necesita más de esta oración, ¿Quiere hacerla?

Ya se va mi bus, me tengo que ir. 

Le doy un beso en la mejía, a pesar de todo la señora me causó ternura. A veces me preguntó si la naturaleza humana no es algo natural…

A veces el amor se vuelve una costumbre, pero entonces, ¿será que la costumbre es amor?... me alejo en el bus y dejo atrás aquella señora, de seguro, pensando en su esposo.

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